Archivo mensual: junio 2014

Debido a que ya no seré la encargada de la biblioteca escolar para el próximo curso pues , como ya sabéis, me voy a otro centro, no quería hacerlo sin despedirme. He estado varios días pensando qué poner y me he acordado de este cuento que espero os guste. Con cariño, Mercedes.

            Mi abuelo tenía una gran biblioteca con libros antiguos y  modernos que ocupaba todo un salón de su casa. Los libros, bien ordenados, rozaban el techo. Libros grandes y pequeños, gruesos volúmenes y pequeños ejemplares.

–     También hay vidas grandes y pequeñas, llenas y casi vacías …

–     Abuelo –le preguntaba yo cuando todavía no podía llegar a los últimos tomos ni siquiera subido a la escalera de mano que él utilizaba para alcanzar la repisa más alta-, ¿qué hay en esos libros que guardas tan arriba? ¿Los guardas tan lejos porque no los lees nunca?

–     Los coloco alto porque contienen el secreto de la vida -me contestaba él con una sonrisa

     Y repetía, para que me enterara bien:

–     El secreto de la vida…    […]

–     ¿Cuál es el secreto de la vida? –insistía yo, un poco intrigado.

–     Pues depende de cada vida, claro –decía él-. Pero todas las vidas tienen un secreto.

–      ¿Y cuál es el mío?

–     ¡Ah, eso deberás descubrirlo por ti mismo!

–      ¿Cómo?

         Entonces el abuelo señalaba con un gesto amplio la gran colección de libros bien ordenados que nos rodeaba y decía:

–    Leyendo

–     […]

–    Las bibliotecas –decía-, los libros, son la memoria de la humanidad […]

         Animado por sus palabras preguntaba de nuevo:

–   ¿Y existe un libro con el secreto de mi vida?

         El abuelo señalaba la parte más alta de la biblioteca y decía:

–   ¡Claro que sí! Pero todavía no alcanzas ni a acariciar el lomo del libro de tu vida.    Antes, tienes que leer el secreto de la vida de los otros.        […]

         Así empecé a leer libros y supe que el secreto de Pulgarcito era la fuerza de su pequeñez, el de la Bella Durmiente que los sueños apasionados, profundos y largamente acariciados casi siempre se convierten  en una realidad hermosa, el de Peter Pan que no hay que dejarse atrapar por el tiempo que nos persigue como un cocodrilo devorador de horas y hay que correr más deprisa que los relojes, el de la Isla del Tesoro que en todas las aventuras es más importante buscar la acción y crecer en la lucha noble que encontrar baratijas  y llegar a un reposo tranquilo y también que el mal es aburrido porque es repetitivo y nos seca el alma …

      Más adelante supe que el secreto de Cervantes era la razón que encierra toda locura, el de Quevedo la pesadumbre que hay en toda burla, y el de Shakespeare el amor que todo lo trastoca.

     A medida que fui creciendo y me iba acercando a los estantes más altos, descubrí, gracias a los manuscritos que habían depositado en la biblioteca, que el secreto de mi abuelo era la eterna juventud que proporcionaba empezar cada día con la ilusión del primero, el de mi madre la alegría con que nos acogía a todos, y el de mi padre el esfuerzo para vernos felices

     Así llegó el día en que pude alcanzar los libros más altos, y entonces pregunté a mi abuelo:

–    Dime, ¿cuál es el que guarda el secreto de mi vida?

    Él señaló uno muy grande y bastante voluminoso, en el rincón del estante más alto.

–   Bájalo –dijo-, que lo vamos a abrir.

     Lo deposité en las manos de mi abuelo con respeto, porque me parecía contener un misterio enorme y me puse a su lado , de pie, en el sillón que ocupaba. El abuelo lo acarició un momento con atención, como se toca la cara de un niño, y luego cogió mi mano y la guió para que abriera la primera página.

    La sorpresa fue igual a la decepción. La página estaba en blanco, y las que seguían a la primera también.

    El abuelo leyó la decepción en mis ojos, me hizo sentar en el brazo del sillón y me dijo:

  –    No es una burla. Es un signo secreto.      […]

  –     Además, el libro de tu vida está en blanco porque sólo la estás empezando. Tú eres el autor que tiene que escribir todos los capítulos. Sólo conoces el principio pero tienes que crear el desarrollo y el final. Has aprendido el secreto de otros libros, de otras vidas, y eso te ayudará a buscar el tuyo. No hay hallazgo sin búsqueda y es el esfuerzo que ponemos en esa búsqueda lo que da más valor al descubrimiento. El secreto para enfrentarte a tu vida será el coraje, la alegría, el esfuerzo, el amor,…, el lanzarte fuera de ti mismo, ¡el entusiasmo!

 El abuelo cerró el libro y me lo entregó.

–     Está en tus manos –dijo-. Suerte.  […]                            

Emili Teixidor: El libro secreto de mi vida ( Selección)   en ¡Va de cuentos! Ed. Espasa Juvenil    

 

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